martes, 30 de agosto de 2016

Poema del día: "Deseo", de Kofi Awoonor (Ghana, 1935-2013)

Las estrellas arriba
artificiosas como alegres campanillas
El fragante rocío
cae en las hojas estropeadas
por la tormenta de ayer
me asomo al pote de hierbas
para leer el mensaje del más allá
Ni una voz, no hay fantasmas que susurren
Sólo voces de pescadores,
recogiendo las redes de caballas venciendo
al tiempo en los tambores de calabaza
En canciones que resuenan en el mar ante ellos
¿Dónde, dónde podrá estar?
¿Adónde habrá ido?
El alegre payaso de la aldea
me llama por mi nombre,
y me da un caurí colorido
en el caurí colorido tú escuchas el mar
y las palpitantes vibraciones de tu propia alma
¿Pero dónde? ¿Dónde podría ser?
El día permanece en quietud
a medida que los años pasan
y me sujetan en la única búsqueda
¿Qué es lo que buscas
en estas cenizas esparcidas por hogares olvidados?
Y en la chimenea donde cuelgan las ollas de la madre
Revelando pasadas tribulaciones
y futuras glorias
¿Glorias? ¿Quién dice que son glorias?
Siento el aroma de sus cuerpos entalcados tras de mí
humedecidos en palmas de olivo
las ropas con olor de alcanfor
sacadas ayer de la caja de la vieja dama
Dicen que al final del viaje hay un lugar para el descanso
lleno de vacas muertas y sepulturas hambrientas
Que no te dan la oportunidad
Sí, la oportunidad de medir
tus propias limitaciones
Además de tus futuras glorias
Los que llevan los féretros hieden a licor y a vómito
el muerto se levanta, los mira
y vuelve a morir
La luciérnaga te muestra el camino al lugar de los cráneos
y allí te encuentras a ti mismo
reclinándote en una mecedora
observando la armonía de los perdidos
Sí, la ceremonia de los
trotamundos que extraviaron
su camino de regreso a casa
y escogieron el putrefacto
olor de la muerte.

Kofi Awoonor, incluido en Voces del Sur. Aproximación a la poesía africana (Biblioteca Virtual Omegalfa, Internet, s. a., ed. de Equipo Fénix, trad. de Raúl Jaime Gaviria).

lunes, 29 de agosto de 2016

Poema del día: "Noche", de Georg Heym (Alemania, nacido en Polonia, 1887-1912)

Fuera los alerones
del tejado
gotean.
Y la tormenta
escondida entre nubes
con las primeras luces
de amaneceres tristes
entra en los callejones
gimiendo.

Y tú, como una piedra
arrojada al desierto
sólo querrías
gritar.

Duerme.
Estás solo
en la noche.
Nadie vela.
Duerme.

Georg Heym en Dichtungen und Schriften (1964), incluido en Tres poetas expresionistas   (Ediciones Hiperión, Madrid, 1998, selec. y trad. de Jenaro Talens).

Otros poemas de Georg Heym
El dios de la ciudadLa quietud

domingo, 28 de agosto de 2016

Poema del día: "Las pirámides", de Jalil Mutran (Líbano, 1872-1949)

Erigió, levantó, construyó, consolidó
no en bien de la grandeza, ni tampoco en el suyo propio,
sino en aras de la misma tumba,
haciendo para ello esclavo a su pueblo coetáneo
y entregando a las cadenas a sus hijos
para darlos a sus enemigos el día de mañana.
Veo aquí mismo seres infinitos como granos de arena
demasiado numerosos para ser contados,
amarillo el rostro, húmedas las cejas,
como un forraje seco perlado de rocío,
corcovadas las espaldas, mudo el paso,
hormigas reptando, eternamente humilladas,
como mares confluyendo, como ríos divergiendo,
descendiendo, subiendo.
¿Es que todas estas almas que han de morir mañana mismo
edifican para un ser mortal un sepulcro sempiterno?
¡Ah de los difuntos! ¿No os ha hecho aguzar el oído
la voz del heraldo, que lanza su llamada una y otra vez?
¡Levantaos! ¡Contemplad a la plebe que os rodea
y pisotea cogotes de reyes disecados!
¡Levantaos! ¡Contemplad a vuestros enemigos
que ocupan vuestros lares
y gobiernan desde ellos, déspotas, todopoderosos!
¡En pie! ¡Contemplad vuestros cuerpos,
expuestos a la vista de todo aquel que guste de mirar!
Es la vuestra una resurrección en la que
cualquiera de nosotros, vaya o venga,
os pide cuentas de vuestras acciones ya pasadas.
No os libró que construyeseis alto,
que expoliaseis la tierra
o hicieseis esclavos a los reyes.
Más os valiera, en cambio, la buena memoria,
si hubierais humillado vuestra tumba a ras de tierra
y perseverado en el buen camino.
Yerra quien imagina que la tumba ha de serle fortaleza
y se protege de la muerte con la misma muerte.

Jalil Mutran, incluido en Treinta poemas árabes en su contexto (Ediciones Hiperión, Madrid, 2006, selec. y trad. de Jaime Sánchez Ratia).

sábado, 27 de agosto de 2016

Lee aquí poetas de PERÚ

A
Abraham Valdelomar (Perú, 1888-1919)
El hermano ausente en la cena de PascuaTristitia
Alberto Hidalgo (Perú, 1897-1967)
Papá
B
Blanca Varela (Perú, 1926-2009)
Alla primaCanto villanoDel orden de las cosas
C
Carlos Oquendo de Amat (Perú, 1905-1936)
CompañeraPoema al lado del sueño
César Vallejo (Perú, 1892-1938)
A mi hermano MiguelAbsolutaÁgapeAlgo te identifica...Altura y pelosConsiderando en frío, imparcialmente...Despedida recordando un adiósEl alma que sufrió de ser su cuerpoEl pan nuestroEl buen sentidoEl poeta a su amada, Ello es que el lugar donde me pongo...En suma, no poseo...,  España, aparta de mí este cáliz (IIIVIIVIIIX. Invierno en la batalla de Teruel,  XII.  MasaXV),  EspergesiaFue domingo...He aquí que hoy saludo...Hoy me gusta la vida mucho menos...Intensidad y alturaLa cena miserableLa rueda del hambrientoLos anillos fatigadosLos dados eternosLos heraldos negrosLos mineros salieron de la mina...Los nueve monstruosLos pasos lejanosMe viene, hay días...No vive ya nadie...Para el alma imposible de mi amada,  Piedra negra sobre una piedra blancaQuiere y no quiere su color mi pecho...,  Quisiera hoy ser feliz de buena gana...Sermón sobre la muerteTraspié entre dos estrellas,  Trilce (XIXXIII,   XXXVI,    LXXV,), Un hombre pasa con un pan al hombro...Voy a hablar de la esperanza¡Y si después de tantas palabras...
*Artículo de Francisco Cenamor sobre la vida y obra de César Vallejo
*Artículo de Francisco Cenamor sobre Trilce
*Artículo de Harold Alvarado Tenorio sobre la vida y obra de César Vallejo
E
Emilio Adolfo Westphalen (Perú, 1911-2001)
Mundo mágicoNo te has fijado que despacio habla el rocío...Un árbol se eleva hasta el extremo...
I
Isaac Goldemberg (Perú, 1945)
Bar MitzváCaminos del amorDoblesEl hambre invitó a Dios al séder de Pésaj (La última cena)Elegía por Hershel GosovskyHuayno zapateado de Chepén a Santiago de ChucoPactoUn díaValsVida nueva
J
Jorge Eduardo Eielson (Perú, 1924-2006)
Arte poética (II)Parque para un hombre dormidoPoema giratorioPoesía en forma de pájaroPrimera muerte de María
José María Eguren (Perú, 1874-1942)
El andarín de la nocheEl bote viejoLa abadíaLa dama i, Lied (1), Marginal
L
Luis Cruz Álvarez (Perú, 1981)
El rodaballo, Elsinore (2)
M
Manuel González Prada (Perú, 1844-1918)
La incertidumbre de Kouang-TseoRondel
Mariano Melgar (Perú, 1790-1815)
Elegía (I)
Martín Adán (Perú, 1908-1985)
¡Cree, Arquitectura...En donde mi callar es mi verso de apenas...Prima ripresa
Maurizio Medo (Perú, 1965)
Alicia y el espejoVirgilio
*Artículo de Francisco Cenamor sobre Manicomio
W
Washington Delgado (Perú, 1927-2003)
Las buenas manerasToco una mano

viernes, 26 de agosto de 2016

Poema del día: "Arles 1996-Mixcoac 1996", de Marco Antonio Campos (México, 1949)

                                                                                El estado más puro de nuestra vida
                                                                                es el adiós.
                                                                                Péter Dobai, Campanas apagadas

Ahora el mistral en su furia agarra todo, lleva todo,
arrebata todo: follajes, olas, olores, el color de las
faldas de las mujeres, las miradas desde
las ventanas, el amarillo quemado de las casas.
Miro desde el muelle el puente de un extremo a otro,
de un barrio a otro, a una ciudad que se desvanece,
a una soledad que crece, que no ha dejado de crecer.
Teníamos diecisiete años y el patio de la escuela
era inclinado y grande y no necesitábamos decir
ayer porque mañana ilusionaba todo.
¿Qué ayer puede tenerse a los diecisiete años?,
pienso, mientras el Ródano se aleja bajo el puente
y las golondrinas se ponen de amarillo
para medir el trigo y llamean de azul
para anidar el cielo.
¿Y qué pájaro sabe decir adiós como las golondrinas?
¿Qué pájaro mide treinta años en un adiós sin fechas?
Entre ella y las golondrinas quedaba
el verano a la distancia,
el mistral se contrapone a las ventanas,
las miradas huyen, y yo lo oigo, y hay algo
en él, algo, algo en el viento poderoso
—la fuerza, la fiereza, el combate—
que yo hubiera querido comparar a mi vida
—mientras el viento golpea los plátanos, la fachada
del cine y golpea de nuevo la fachada de
la capilla. Golpea.
¿Hubiera sido? Hubiera sido, sin duda.
Pero hoy sólo oigo el mistral sobre el follaje,
la rabia del mistral tremendo en pandemónium,
y el puente se ahuyenta, la ciudad se borra,
antes, claro, de esos diecisiete años, cuando
yo decía en el patio: "Eres la reina", y ella
me decía: "No sé... tal vez..."

Marco Antonio Campos, incluido en Tigre la sed. Antología de poesía mexicana contemporánea 1950-2005   (Ediciones Hiperión, Madrid, 2006, selecc. de Víctor Manuel MendolaMiguel Ángel Zapata  y  Miguel Gomes).

Otros poemas de Marco Antonio Campos
Contradictio (1)

jueves, 25 de agosto de 2016

Poema del día: "La vejez del sonido", de Freddy Ayala Plazarte (Ecuador, 1983)

Nota acústica

Y un amanecer que simulaba ser otro mundo
                                                                     en la ventana
y los niños hincados en la tierra
con los capítulos del olvido en sus manos
abandonaban el sombrero
para contar los granos que se iban entre sus ojos


                   Y a veces el agua
                              escuchaba el principio de sus nombres
                   tan acústico como una fogata
         Al atardecer entraban en la habitación de las mazorcas
                                          donde yacía el disco de un reloj
                                          despojado de sus cálculos

ellos debajo de la hojarasca
solo pudieron medir el tiempo de la luz
y de la sombra

A espaldas de una caldera
          cinco siglos de estampas
                    donde los antiguos sospecharon
                                 que ya no podrían retornar
                                                        al sonido de una sílaba

Freddy Ayala Plazarte en Nomenclatura del internado (2012), incluido en Sangre de spondilus. Muestra de poesía ecuatoriana reciente (Vallejo & Co., Internet, 2016, selec. de Luis Carlos Mussó).

miércoles, 24 de agosto de 2016

Poema del día: "Cantar", de Richard Crashaw (Gran Bretaña, 1612-1649)

Cuando siento, Señor, tu suave gracia
alzar mi alma en busca de tu rostro,
Tus ojos adorables engendran tal deseo,
que muero en amorosa y dulce llama.
Oh, vivo amor, yo soy tu sacrificio.
Triunfad siempre de mí, benditos ojos.
Iluminadme siempre, hermosos soles,
que siempre os pueda ver y siempre muera.

Y viviré de nuevo, aunque muriendo,
siempre anheloso de ser siempre herido,
tanto granjea el alma en dulce ahogo.
El ansia de morir me da la muerte.
Siempre está viva en mí la lucha amante
de viva Muerte con muriente Vida.
Pues mientras Tú me hieres blandamente
muerto para mí mismo, vivo en Ti.

Richard Crashaw en Carmen Deo Nostro (1652), incluido en Poetas ingleses metafísicos del siglo XVII (Editorial Acantilado, Barcelona, 2000, selec. y versión de Blanca y Maurice Molho).