martes, 17 de octubre de 2017

Poema del día: "El cuervo que arrasa el pobre arrozal...", del Príncipe Takamiya (Japón, siglo VIII)

El cuervo que arrasa el pobre arrozal
de Baramón, hinchados los párpados
se posa en un asta.

Príncipe Takamiya, incluido en Manioshu. Colección para diez mil generaciones (Ediciones Hiperión, Madrid, 1980, ed. y trad. de Antonio Cabezas García).

lunes, 16 de octubre de 2017

Poema del día: "Color de fuego", de Sophie Mereau (Alemania, 1770-1806)

Sé de un color al que quiero mucho,
lo aprecio más que la plata y el oro;
me gusta tanto llevarlo en la frente y como vestimenta
que "color de la verdad" lo llamé.

Si bien florece con forma dulce y suave,
la rosa candente se empalidece pronto.
Por eso esta flor se consagró al amor;
su atractivo es infinito, pero se marchita pronto.

El azul del cielo resplandece magnífico y suave,
por eso esa agradable imagen se asignó a la fidelidad.
¡Pero alguna nubecita enturbia el aire tan puro!
Así también le llegan a menudo al hombre fiel las inquietudes.

El color de la nieve, tan radiante y claro,
se llama color de la inocencia, pero no es duradero.
Pronto se ensombrece su vestido brillante,
así también la calumnia y la envidia enturbian la inocencia.

¿Por qué -preguntáis- brindé a ese color encantador
el nombre sagrado de la verdad?
Porque el resplandor de las llamas procede de él
y la duración tranquila lo encierra como protección.

No lo daña el aguacero al mojarlo,
ni lo empalidece la luz devoradora del sol:
por eso me gusta tanto llevarlo en la frente y como vestimenta
y "color de la verdad" lo llamé.

Sophie Mereau, incluido en El Lied clásico. Haydn, Mozart y Beethoven (Ediciones Hiperión, Madrid, 2003, selec. y trad. de Judit G. Viloria).

Otros poemas de Sophie Mereau
A las lectorasLuz y sombra

domingo, 15 de octubre de 2017

Poema del día: "Abandonado a la corriente", de Jean-Baptiste Tati Loutard (República del Congo, 1938-2009)

¡Cuántos ríos en mi vida me han mostrado su curso,
Sinuoso o torrencial, color de plomo o transparente!
Senegal, Nilo, Sena, Ganges, Tíber y Volga,
Y el Congo, al discurrir por mis pestañas
Como en su lecho diario.
Y luego se allegó la amante inevitable:
La mar, lengua azul, bajo el paladar del cielo;
Pasa entre las gaviotas y las algas.
(Árboles microscópicos de vetustas florestas
Roídas por la sal y los gorgojos de los siglos.)

He consumido ya múltiples soles,
Y por ello, en el agua, mi memoria se vuelca
Muero y revivo como el mar
En cada soplo que tendría que exhalar;
En vez de olas, deseo noctilucas
Para ver si mi doble entre los hombres
Puede ser refulgente.

Jean-Baptiste Tati Loutard en El fuego del planeta (1977), incluido en Letras libres (Edición para España, febrero de 2003, selec. de Landry Wilfrid Miampika, trad. de Javier del Prado).

sábado, 14 de octubre de 2017

Poema del día: "Rubaiyat CXLVI", de Omar Jayam (Irán, Persia, 1048-1131)

He aprendido mucho, y mucho he olvidado también voluntariamente. En mi memoria cada cosa estaba en su lugar. Por ejemplo, lo que estaba a la derecha, no podía ir a la izquierda. No conocí la paz hasta el día en que lo arrojé todo con desprecio. Por fin había comprendido que es imposible afirmar o negar.

Omar Jayam en Rubaiyat (Lectulandia, Internet, 2014, trad. de Enrique López Amaya).

Otros poemas de Omar Jayam
Rubaiyat (XIXXIIXXVIXLIXLVXLVIIILIILXVIXCVIICXVI)

viernes, 13 de octubre de 2017

Poema del día: "El hombre que me mostró las ventanas de París", de Severina Plachkova (Bulgaria, 1982)

su nombre
se vuelve
ventana
bajo las polvorientas huellas
de
mis dedos
sus dedos
ventana
por la cual se asoman
otros hombres
saludando con alivio
la espalda vuelta

Severina Plachkova, incluido en Jamás olvidados. Muestra de poesía búlgara reciente (Vallejo & Co., Internet, 2017, selec. de Mario Pera, trad. de Snejina Stefanova).

jueves, 12 de octubre de 2017

Poema del día: "Cuerpos donde la ciudad se repite...", de Casé Lontra Marques (Brasil, 1985)

Cuerpos donde la ciudad se repite:
(después
de chorrear antiguas bocas sobre otra agua):

¿casi
suprimen algunos órganos alarmados

- en medio del fierrerío -

en
el capullo del calendario?

contaminamos
un
espejo en la casa que nos propaga:

(bajo
su soledad):

contaminamos
un
deseo con el habla que nos excava

- cotidianamente -

acostarse
entre las horas
en
la arena del iris:

cubriendo
las fisuras que infestan mis asfixias

acepto el silencio que se dispersa (que nos esparce)
siempre
por las paredes - en las escaleras; en las laderas -

del
diafragma: hasta que un ritmo me reciba:

también
quién sabe, por fuera - sobre todo por fuera -
de
esta inexistencia

Casé Lontra Marques, incluido en Inventar la felicidad. Muestra de poesía brasileña reciente (Vallejo & Co. Internet, 2016, selec. de Fabricio Marques y Tarso de Melo, trad. de Rafaela Scardino y Sebastián Huber).

Otros poemas de Casé Lontra Marques
Mientras perder sea habitar con exactitud...

miércoles, 11 de octubre de 2017

Poema del día: "El deshabitado", de Pablo Neruda (Chile, 1904-1973)

Estación invencible! En los lados del cielo un pálido cierzo se acumulaba, un aire desteñido e invasor, y hacia todo lo que los ojos abarcaban, como una espesa leche, como una cortina endurecida existía, continuamente.
     De modo que el ser se sentía aislado, sometido a esa extraña substancia, rodeado de un cielo próximo, con el mástil quebrado frente a un litoral blanquecino, abandonado de lo sólido, frente a un transcurso impenetrable y en una casa de niebla. Condenación y horror! De haber estado herido y abandonado, o haber escogido las arañas, el luto y la sotana. De haberse emboscado, fuertemente ahíto de este mundo, y de haber conversado sobre esfinges y oros y fatídicos destinos. De haber amarrado la ceniza al traje cotidiano, y haber besado el origen terrestre con su sabor a olvido. Pero no. No.
     Materias frías de la lluvia que caen sombríamente, pesares sin resurrección, olvido. En mi alcoba sin retratos, en mi traje sin luz, cuánta cabida eternamente permanece, y el lento rayo recto del día cómo se condensa hasta llegar a ser una sola gota oscura.
     Movimientos tenaces, senderos verticales a cuya flor final a veces se asciende, compañías suaves o brutales, puertas ausentes! Como cada día un pan letárgico, bebo de un agua aislada!
     Aúlla el cerrajero, trota el caballo, el caballejo empapado en lluvia, y el cochero de largo látigo tose, el condenado! Lo demás, hasta muy larga distancia permanece inmóvil, cubierto por el mes de junio y sus vegetaciones mojadas, sus animales callados, se unen como olas. Sí, qué mar de invierno, qué dominio sumergido trata de sobrevivir, y, aparentemente muerto, cruza de largos velámenes mortuorios esta densa superficie?
     A menudo, de atardecer acaecido, arrimo la luz a la ventana, y me miro, sostenido por maderas miserables, tendido en la humedad como un ataúd envejecido, entre paredes bruscamente débiles. Sueño, de una ausencia a otra, y a otra distancia, recibido y amargo.

Pablo Neruda, incluido en Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000) (Galaxia Gutenberg Círculo de lectores, Barcelona, 2002, selecc. de Eduardo Milán,   Andrés Sánchez RobaynaBlanca Varela y José Ángel Valente).

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